Es fácil caer en el rol de víctima y culpar a otra persona por nuestros pesares, te daremos un coaching para que aprendas a controlar tus emociones y comiences a vivir de manera armónica con todas las personas que te rodean y las situaciones que te ocurren.
De seguro has dicho una o varias de las siguientes frases: “Mi jefe me hace enojar”, “Mis colaboradores me colman la paciencia”, “Le caigo mal a xx”, “no me puedo concentrar porque hacen mucho ruido”
Sin embargo, cuando culpamos a otros, no solo transferimos la culpa, también transferimos el control sobre la solución y si no solucionamos, acabamos cargando con el dolor y los daños causados por el problema, en ocasiones, para siempre.
Te voy a dar un tip para ayudarte a tomar control de la situación.
El primer paso para controlar nuestras emociones, es el más difícil, porque se nos complica aceptar que nadie ni nada nos puede hacer enojar.
Lo cierto es que solo tú tienes ese poder…tus pensamientos son los que te hicieron enojar y puedes cambiar tu emoción si cambias tu manera de pensar.
En la gráfica siguiente verás como una circunstancia te lleva a un pensamiento que te provoca una emoción que posteriormente te lleva a una acción y a un determinado resultado.
Todo ese proceso toma un instante y lo que menos percibimos es el pensamiento, sin embargo, es este el que ocasiona el resultado.

En el siguiente ejemplo notarás como la circunstancia no cambia, lo que cambia es el pensamiento con respecto a la circunstancia y esto cambia la emoción, la acción y el resultado. 

Por ejemplo; Si tú tienes el modelo mental que te dice que la impuntualidad es una falta de respeto, es probable que te enojes casi en automático cuando alguien llega tarde.
No importa si tienes la razón o no sobre el porqué de la acción del otro. Lo cierto es que eso está fuera de tu control. Solo puedes llegar a tener control sobre el pensamiento que causa la emoción.
La clave está en poner atención a tus pensamientos.
Los pensamientos son hábitos y como todo hábito este también se puede cambiar, pero requiere de atención y persistencia.

Un coach te puede acompañar por este proceso ya que las emociones y los pensamientos son capaces de atraparnos y llevarnos a nuestra zona de confort, un lugar familiar pero no siempre el lugar más cómodo, sin que nos demos cuenta.
Mi coach estará ahí de la mano contigo para que juntos logremos obtener el cambio que estamos buscando.